Dirección

Fjord, la Palma de Oro de Cannes, llega a cines y divide a la crítica: qué le pedimos hoy a una gran película

La nueva película de Cristian Mungiu, con Sebastian Stan y Renate Reinsve, se estrena en cines tras ganar en Cannes. Por qué divide y qué enseña sobre cuánto debe explicar un director.

Por Mateo Liriano··67 vistas
Sebastian Stan y Renate Reinsve en una escena de Fjord
Neon

En mayo, Fjord ganó la Palma de Oro de Cannes y salió de la Croisette como la película más discutida del año. Ahora, con su estreno en cines de Estados Unidos de la mano de Neon, la conversación vuelve a encenderse, y esta vez fuera del circuito de festivales.

Con este premio, el rumano Cristian Mungiu se convirtió en uno de los pocos directores con dos Palmas de Oro. La primera la ganó en 2007 con 4 meses, 3 semanas y 2 días.

De qué trata

Sebastian Stan y Renate Reinsve interpretan a Mihai y Lisbet Gheorghiu, un matrimonio rumano-noruego con cinco hijos que se muda de Bucarest a un pequeño pueblo de Noruega, la tierra natal de ella. La bienvenida de los vecinos se enfría cuando descubren que la familia es cristiana conservadora y defiende el castigo físico. Cuando en la clase de educación física alguien ve un moretón en uno de los niños, interviene el servicio de protección infantil.

Stan y Reinsve ya habían trabajado juntos en A Different Man. Mungiu firma solo el guion, y el jurado presidido por Park Chan-wook le dio el premio mayor después de una ovación de unos diez minutos en el estreno.

Por qué divide

Robbie Collin, crítico del Telegraph, la llamó por mucho la película más divisiva de la competencia. Quienes la defienden destacan la dirección de Mungiu, su control del tiempo y su manera de poner al espectador en una posición incómoda. Quienes la cuestionan, como Sophie Monks Kaufman en Sight and Sound, sienten que el guion esquiva la pregunta central: si dar nalgadas es o no maltrato.

Ahí está el centro del debate. Fjord no le dice al público qué pensar. Presenta a una familia que cree estar haciendo lo correcto y a un sistema que también cree estar haciendo lo correcto, y deja que el choque ocurra sin un villano claro.

Una escena de Fjord en la costa noruega. Foto: Neon

Lo que le pedimos a una gran película

Mungiu viene de una tradición, la del nuevo cine rumano, que hizo de la ambigüedad moral un estilo. Planos largos, conflictos cotidianos, personajes que no se explican. Es un cine que exige trabajo del espectador, y por eso incomoda.

La discusión sobre Fjord termina siendo una discusión sobre qué le pedimos hoy al cine. Hay quien espera que una película tome posición y la defienda. Hay quien cree que su trabajo es justamente no hacerlo, y obligarnos a pensar.

Para un director, la pregunta es práctica: ¿cuánto quieres explicar? Cada respuesta que le das al público es una pregunta que le quitas. Mungiu eligió no responder, y eso le costó parte de la crítica y le dio una Palma de Oro. Vale la pena verla y decidir de qué lado estás.

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