Dirección
20 mil pies en la oscuridad: la película que Matilde Landeta rescató casi tres décadas después
En 1957 una expedición mexicana filmó las Islas Revillagigedo y el negativo nunca se reveló. Una pionera del cine lo convirtió en documental. Una historia sobre el archivo y lo que perdemos cuando nadie mira.

En enero de 1957, un barco de la Armada de México zarpó hacia la Isla Socorro, en el archipiélago de Revillagigedo, a cientos de kilómetros de la costa, en pleno Pacífico. La misión era instalar una base permanente en una isla volcánica casi deshabitada. A bordo iba el escritor y periodista Luis Spota con una cámara. Filmó unos 20 mil pies de negativo.
Nadie lo reveló. Durante casi tres décadas, esas imágenes durmieron en la oscuridad de sus latas, sin que nadie supiera exactamente qué había en ellas.
La directora que nadie dejaba filmar
La persona que finalmente las sacó a la luz no era cualquiera. Matilde Landeta fue la primera mujer en trabajar como directora y guionista durante la Época de Oro del cine mexicano. Empezó como script en 1932, llegó a asistente de dirección en los años cuarenta, y en 1948 financió con su propia familia su primera película, Lola Casanova. Le siguieron La negra Angustias (1949) y Trotacalles (1951), historias de mujeres que no pedían permiso.
La industria le cobró la osadía. Los distribuidores boicotearon sus películas, un estudio perdió un rollo completo de su negativo y ni las productoras ni el sindicato la apoyaron. Después de un conflicto por uno de sus guiones, el Banco Nacional Cinematográfico dejó de financiarla. Pasaron cuarenta años antes de que pudiera dirigir otro largometraje de ficción, Nocturno a Rosario, en 1991.
Armar una película con imágenes ajenas
En esos años de silencio, Landeta encontró otras formas de seguir haciendo cine. A mediados de los ochenta, junto a la escritora Elda Peralta, tomó parte de aquel material olvidado de 1957 y lo organizó en un documental de 36 minutos: Rescate de las Islas de Revillagigedo.
Es un tipo de trabajo que pocas veces se reconoce. Hacer una película con imágenes que filmó otra persona, sin guion previo, décadas después, obliga a mirar lo que hay y decidir qué historia cuenta. Es montaje en su forma más pura: encontrar el sentido en el archivo.
La Filmoteca hace su parte
Hoy, la Filmoteca de la UNAM preservó y digitalizó el documental, y lo proyectó a principios de octubre en Arcadia, su muestra internacional de cine rescatado y restaurado. Así, unas imágenes que estuvieron a punto de no existir nunca pueden verse otra vez.
Archipiélago de Revillagigedo · Presidencia de la República Mexicana
Las islas también cambiaron. El archipiélago de Revillagigedo, que en 1957 era un territorio remoto donde México quería plantar una base, fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2016 por su biodiversidad marina, y hoy es uno de los parques marinos protegidos más grandes del continente. Las imágenes de Spota muestran un lugar que ya no existe de la misma manera.
Lo que perdemos cuando nadie mira
Esta historia tiene tres capas. La de un material que pudo perderse para siempre. La de una cineasta a la que la industria le negó durante décadas la posibilidad de dirigir, y que aun así siguió haciendo cine con lo que tenía. Y la de un archivo que decidió que valía la pena salvar ambas cosas.
Para el cine dominicano, la lección es directa. ¿Cuántas imágenes de nuestra historia están ahora mismo en latas, discos duros o cajas que nadie revisa? Noticieros, películas familiares, rodajes inconclusos, documentales que nunca se terminaron. Sin un archivo que los cuide y sin cineastas que los miren, desaparecen sin que nadie se entere. Matilde Landeta lo entendió: a veces, la película más importante no es la que filmas, sino la que rescatas.
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